Manuel y Manuela

esta vez, sin sello

Cien pasos separaban su casa de la oficina de Correos de la calle Santa Bárbara. Era la distancia que Manuel recorrió gustoso durante años para enviar y recoger sus cartas de amor.

Porque fue precisamente la distancia, quien le robó al amor de su vida obligándole a mantener con ella una relación postal. Él estaba enamorado (ella quizás también), pero la joven encontró plaza en un colegio de Albacete y se marchó de maestra. Así que Manuel se quedó solo en el pueblo. Al principio, la historia se mantuvo viva a través de intensas cartas de amor, pero la pasión de sus escritos se diluyó con el tiempo.

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